Edición 1076
| Desde el 21 al 27.03.08
 
 
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Soda, cámara, acción
El músico y actor Pipo Cipolatti visitó la ciudad para rodar un piloto televisivo de un ciclo a través del que se pretenden narrar cuentos de crímenes no resueltos. El lugar elegido fue el Museo de la Soda que funciona en 128 y 60.

Vestido de negro luto, asoma su roja cabellera mientras el dedo índice acomoda las gafas. Con paso seguro camina hacia el salón central narrando una historia que se desarrolla en 1922 y que tiene como protagonista a Francesco Sifreddi, “no con doble ”f”, sí con doble “d”, aclara. Describe también que en forma accidental un sifón estalló e impactó sobre el rostro del pequeño Franceso, de apenas 8 años.
El pasado miércoles, Pipo Cipolatti visitó el Museo de la Soda que funciona en la calle 128 y 60. El objetivo: comenzar a rodar el piloto de PCP, “Pipo Cipolatti Presenta”, explica el autor de “Pensé que se trataba de cieguitos”, aclarando que la sigla no pretende hacer apología de la ketamina, droga disociativa con potencial alucinógeno, utilizada originalmente en medicina por sus propiedades analgésicas y sobre todo, anestésicas.
Mientras la burbujeante agua cae sobre su vaso, canta “eees el auspiciante” con la música “El estudiante”, haciendo alusión a la soda Ivess que patrocina al Museo de la Soda y asegura que el proyecto surgió a partir de su amigo ‘Peter Ostra’, quien le sugirió hacer un programa televisivo.
“Va a ser algo al estilo de lo que era Alfred Hitchcock presenta; es decir, yo presentando dos o tres cuentos en media hora. Me encanta que sea breve. En ese espacio voy a estar contando casos policiales no resueltos de la década del 20, 30 y 40. Ya existió Santos Godinos, el hombre de la bolsa y otros más. Creo que siguen existiendo”, afirma Pipo.
Fue así que nació Francesco Sifreddi. “Es el caso de una persona que aparentemente existió. Hay datos que lo documentan, pero pueden ser apócrifos también, pueden ser falsos. Francesco es un inmigrante italiano, hijo de Máximo Sifreddi y Pierina Sifreddi. Tuvo un accidente con un sifón. Eso le provocó una patología en su actitud y una cuestión yo diría psicosomática, porque tiene que ver con su razonamiento o sus pensamientos. Esta patología está muy emparentada al síndrome de Moria, que es una enfermedad -no es chiste, aclara- que consiste en la alteración de ciertas actitudes por el golpe que recibe con el sifón. Es así que se transforma en un sodero asesino. Y para matar a sus víctimas, que elegía al azar, recurría a un modus operandi muy especial... que no te lo voy a contar ahora…”, concluye intrigante.
Según cuenta Cipolatti, al inventar los personajes advirtió junto a un amigo psicólogo “que había muchos puntos de contacto con la realidad”.
“Justo cuando empezamos a hacer el piloto con Idea Arte Audiovisual, la empresa que usted debe contratar para su cumpleaños, casamiento, Bar Mitzvá, o circuncisión, ¡Oh, la casualidad..., la vida es un carrusel, sólo hay que sacar la sortija!, abro el diario y me entero que se inaugura el museo de la soda”, narra.
“¿Quién será el prefecto de la soda?”, se interrogó para luego ponerse en contacto con Luis Taube, quien accedió generosamente a que la producción conozca el Museo y a brindar información respecto al tipo de sifones que se utilizaban en la época del protagonista de la historia.
“Tiene un museo con 3800 sifones; por eso llegué hasta acá. Es fascinante”, detalla Pipo, quien invitó al Director del Museo a ser parte del rodaje. “Cuando nos contactaron nos encantó la idea porque con esto seguimos divulgando la existencia del Museo”, cuenta Taube, que en uno de los pasajes del piloto narra las características que poseían las sodas de la década, las particularidades del material y los peligros que podía ocasionar.
En relación a la creación del personaje, Pipo, se encarga de aclarar que no hay documentación previa, sino que todo sale de la mente.
“La ficción forma parte de mi.... hay un sector del cerebro que desconozco, porque nunca me abrí la cabeza, que genera la creatividad y me encanta inventar historias”, expone.
En este sentido, el músico y actor establece un paralelismo con las composiciones que ha realizado a lo largo de su carrera artística.
“Ninguna de mis canciones está basada en hechos reales o en vivencias personales aunque tengan puntos de connotación con situaciones reales como ‘Pensé que se trataba de cieguitos’ o ‘El primero te lo regalan, el segundo te lo venden’, por ejemplo, que salió de una frase que me dijo una tía mía por teléfono cuando yo era chico y fui a ver un recital”, define.
“Cuando todos decían yuta hija de puta, en pleno proceso militar, hice una canción con la visión inocente de una persona que era detenida por la policía. A raíz de eso, y no a raíz de que mi padre haya sido policía, me dieron un premio en la policía, porque la canción ‘no agredía’, era elegantemente irónica. Nunca me basé en la realidad”, subraya.
“No me fundamento en nada, se me ocurren cosas y las anoto, si no las anoto me las olvido. Es más, las anoto y me las olvido. Y me encanta releerlas y digo, que estupidez escribí o qué bueno lo que escribí”, añade sintetiza e invita, tras un nuevo sorbo de soda, a recorrer las instalaciones del Museo.

 

 


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