Rico Cine Pobre
Hace menos de un mes inició su actividad en Casa de Cultura el Taller de Cine coordinado por el multifacético realizador Ugo Adam. “Haremos un cine del que vamos a sentirnos orgullosos”, augura el cineasta, subrayando que la “búsqueda de poesía y belleza” no partirá de recursos económicos, sino “de lo que somos y de nuestra forma de ver el mundo”.

Son solamente dos reuniones semanales pero son “veneno”, asegura con satisfacción Ugo Adam, al referirse a los encuentros de miércoles y sábados del Taller de Cine que coordina en Casa de Cultura desde los primeros días de abril.

El perfil del flamante taller está profundamente ligado a las convicciones del realizador, enrolado en la corriente internacional de “Cine Pobre” y dueño de una personalidad multifacética que se pasea cómoda en el campo de las artes plásticas, la música, la dramaturgia y los medios de comunicación.

Su propuesta se ubica en las antípodas de la del ‘establishment’ cinematográfico. Para que no queden dudas, Adam cuestiona incluso lo que el evangelio de aquel establishment dice respecto al origen del séptimo arte. “Hablan de que el Cine se inventó el 28 de diciembre de 1895. Yo no estoy de acuerdo y es algo que ya pudimos debatir en el taller. El comienzo del Cine es como el amanecer. Lo que pasó aquel día es que por primera vez un grupo de gente pagó entrada para presenciar una proyección en una sala a oscuras. No es el aniversario del Cine, creo que más bien es el aniversario de la explotación del público”, argumenta filoso.

En el primer encuentro del taller, se analizaron con mirada crítica las primeras películas de Lumière y se proyectaron algunas escenas de filmes de Godard, “para ver como llegó el cine a lo que llegó”. Lo apretado del tiempo no parece un condicionamiento para Adam, quien asegura que los objetivos pedagógicos se alcanzaron perfectamente. “La idea es trabajar con contenidos mínimos y no pasar a otros temas hasta no alcanzarlos”, explica.

Sin dinero, con fe

El experimentado director está convencido de que el cine se hace con ‘actitud’ y no con dinero. “El cine se hace con fe, porque por más que tengas diez millones de dólares, solamente con fe vas a poder mover una montaña. Estoy convencido que aún con ese monto, un culturoso porteño o gente ligada a las universidades que dicen enseñar cine, no podrán hacer mucho. En cambio, hay cine que se hace con muy bajo presupuesto, donde aparentemente no están dadas las condiciones para hacerlo”, expone.

Sanguíneamente crítico del modo en que generalmente se enseña Cine, Adam considera que en buena medida la actividad se convirtió en “un negocio muy grande de gente inútil que cree que hacer cine es comprarse una camarita y una editora”, cuando en realidad “es ponerse 50 kilos de sobrepeso, nadar crol a través del Pasaje Drake y llegar a la Antártida”.

Feliz por la experiencia iniciada en Berisso, el cineasta asegura que el económico fue el factor de menor peso a la hora de pensar en generar el taller. “Así como yo no cobro un peso, ningún alumno deberá pagar un peso. Es un trabajo con y para la gente y no es demagogia. Acá no va a haber réditos económicos ni políticos. En lo personal, no necesito ni prestigio, ni fondos para filmar, ni nada que no sea agradecer a la vida todo lo que me dio hasta ahora: la conciencia de que Dios existe, una familia y una profesión maravillosas”, sostiene.

Del mismo modo, expresa su reconocimiento al eco que encontró la propuesta en la directora municipal de Cultura, Guillermina Hasan. “Recibió la idea con una sensibilidad impresionante. Le propuse hacer el taller con la condición de que no le vamos a pedir nada al Municipio y mostró una predisposición notable”, expone.

A la vez, observa que si bien cobró cuerpo a partir del mes pasado, el espíritu de la propuesta es en cierta forma ‘veterano’. “Obviamente la idea no nace de la nada. En lo personal es un viejo anhelo ligado a lo que vengo haciendo. Ya en el año 90, me encerraba en el hotel de la Isla Paulino a escribir mis guiones. Inevitablemente, la estética de cada uno se forja a partir del paisaje propio, en este caso el que ofrece el río, el monte, el mosquito que pincha y no deja escribir, la uva que comés exprimiendo el hollejo con los dedos”, consigna.

A la vez que desarrollar un taller de cine, la intención es afianzar un ‘taller de vida’, al que ya están ligados berissenses de edades que oscilan entre los 12 y los 50 años. “Buscamos ir contra la alienación en el cine, consecuencia de la alienación de nuestras sociedades. El cine oficialista mundial propone como tema el de un marciano que entra en una nueva galaxia. Nosotros pretendemos reflejar historias ligadas a nuestra gente, a su solidaridad, a su forma de ver el mundo. Nuestra propuesta ideológica no es sino la de revelar belleza. Vamos a ir nutriéndonos de conocimientos técnicos para ir en búsqueda de una poesía que cuide lo que somos y lo que tenemos”, subraya Adam.

¿Qué sucederá cuando el arte ataque?

Desbordante, la energía de los integrantes del taller -y sobre todo la de su coordinador- ya está direccionada hacia algunos objetivos específicos. Mientras se gestiona la llegada de un proyector, se avanza en la formación de una cinemateca (léase ‘videoteca’; léase ‘dvdoteca”) con filmes de los el circuito comercial tiene pocas pistas.

Del mismo modo, se apunta a que el cine móvil del Instituto de Cine realice visitas periódicas al distrito. De todos modos, más allá de los dispositivos tecnológicos con los que se cuente, la idea es proyectar películas ‘en los barrios’. “No es una cuestión de ‘caridad’, simplemente es estar atentos a que quienes no tienen plata para el micro, no tienen libertad para ir al cine. La idea es aprovechar todo espacio que se nos preste- clubes, centros de fomento- para mirar películas con valores humanos”, expone Adam.

Otro de los desafíos a afrontar en el corto plazo es el de poner en el aire una página (con dominio .com) para que el mundo sepa qué hace Berisso en cuanto a cine. La iniciativa partió de algunos de los primeros asistentes al taller. “Va a hablar del cine que hagamos, del que nos vamos a sentir orgullosos”, predice el cineasta.

En las alforjas henchidas de sueños no está ausente la idea de hacer una muestra anual con la producción del taller, ni la de presentar en la Fiesta del Inmigrante una película referida a cada una de las colectividades.

También hay interés en que se revaloricen viejos trabajos ligados a la historia e idiosincrasia de esta porción del mundo. A la hora de dar ejemplos, Adam habla de “Viñateros de la Costa”, de Jorge Degiuseppe, película estrenada en 1991. “Existe, está en DVD, pero la memoria tiene sus apolillamientos. No estaría mal que esa película se proyecte en el marco de la Fiesta del Vino o en las escuelas. Creo que sería valioso que el público local conociera el discurso de ese trabajo hecho en Berisso, con gente de Berisso”, propone.

 

 

 

 

 

Adam dixit

Nacido en La Plata en 1965, Ugo Adam aprendió a canalizar su vocación expresiva a partir de una multitud de formatos. Como sea -a través de la música, el teatro, las artes plásticas, la fotografía o la literatura- nunca impedirá que fluya esa pulsión, rasgo saliente de su personalidad.

De honda espiritualidad (fue ordenado diácono de la Iglesia Siriano Ortodoxa el año pasado) y espíritu aventurero (en 1999 trepó en Catamarca al Pissis, el volcán más alto del mundo), Adam halló en el cine uno de sus lenguajes favoritos.

En ese campo lleva producidos decenas de cortos y documentales filmados en diferentes partes del mundo (Kosovo, para citar sólo un ejemplo), algunos de los cuales fueron reconocidos en el Festival de Cine Pobre de Cuba. Entre sus largometrajes figuran “Un largo ensayo” (1992), “Alcestes” (1995), “Evocación a John Cage” (1997), “54 formas del infierno” (1998) y “Capital del dolor” (2004).

Aprendió que el cine “se hace con fe” de Werner Herzog, gran maestro al que define como “un amigo del alma” y al que conoció en 1991 en la Patagonia, durante el rodaje de “Grito de Piedra”, con la que el alemán obtendría un premio en el Festival de Venecia.

A su fecunda trayectoria se le suma la capacidad para brindar definiciones controversiales. Las que siguen son algunas de las que enriquecieron el diálogo con este medio, días después de iniciado el taller en Berisso.

“En la ciudad de La Plata no puedo mostrar mis películas, aunque puedan verse en el circuito del cine pobre, que tiene millones de espectadores en todo el mundo. Una de las últimas no pudo exhibirse porque pareciera que por decreto en la Argentina no hay hambre, pero no hablaba del hambre, hablaba del dolor. No hago cine panfletario, ni político, ni estupideces adolescentes. Soy viejo, tengo 42 años y ya pasé por eso…”

“Muchos creen que la única distribución posible es la de la industria norteamericana o la de la industria argentina, fantasma mal hecho de aquella. Cuando Jean-Luc Godard, estrenó Elogio del Amor en la Argentina, casi de incógnito, algunos pudimos escuchar de su boca que ‘cada país tiene su Adrián Suar’…”

“El cine pobre no propone violencia, ni entretenimiento, ni espectáculo cinematográfico, ya hay quienes hace eso demasiado bien…”.

“En muchos lugares en los que se enseña cine hay cátedras específicas que son nefastas para la vida de la gente. Todo se rige por sexo y drogas. Importa más una tesis sobre películas pornográficas que la problemática del cine…”

“No es necesario pedirle al Instituto de Cine dinero para hacer una película. Quince realizadores de la nouvelle vague cambiaron la historia del cine en Francia, un grupo menor hizo increíbles aportes desde la Overhaus alemana… Orson Wells fue uno sólo…”

“Es una lástima que películas como Los Inundados o Tire Dié, de Fernando Birri se pasen solamente en ámbitos académicos…”

“El nuevo cine brasileño es realmente dignísimo. Está el legado de Glauber Rocha, pero también trabajos de directores como Fernando Meirelles (Ciudad de Dios) y Walter Salles (Estación Central)”.

“Eso del ‘cine independiente’ o ‘cine alternativo’ es a veces una gran mentira. ¿Independiente de qué, alternativo a qué?... Acá se hacen festivales para intelectuales y estudiantes de cine que acaparan entradas y todo termina para ahí. Eso no sirve para nada…”

“No estoy en contra del cine-industria, porque nos alimentamos de las migajas que va tirando. Que nadie tenga miedo, porque económicamente no le vamos a hacer sombra, claro que no dejaremos de pensar en un discurso audiovisual basado en otros principios…”

 


 

 

 
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