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Posturas: La Pinza
Como señalé en la segunda entrega de esta columna, hay asanas activas y pasivas. En este caso, la postura de ‘pinza’ es pasiva, pues su armado y mantención va a favor de la fuerza de gravedad. También podemos decir que es un asana de elongacion de los músculos posteriores del cuerpo.
Para ejecutarla, primeramente debemos sentarnos en el suelo o en una manta sobre los isquiones y las piernas estiradas hacia delante. Luego, tomar una inhalación estirando los brazos hacia arriba y poniéndonos derechos, para luego exhalar bajando el torso bien estirado sobre las piernas llevando las manos a los pies o lo mas cerca de ellos que se pueda, y sosteniendo el mentón hacia adelante.
Este movimiento de bisagra es muy importante para desechar posturas viciadas y erróneas (como por ejemplo la espalda encorvada o las piernas un poco flexionadas).
Una vez realizada, se procede a relajar el cuerpo con una respiración completa, tranquila y acompasada, logrando de este modo el objetivo de la postura. Para optimizar este asana podemos poner énfasis en la exhalación, para que el cuerpo comience a estirarse. Los músculos posteriores de las piernas ceden, luego los muslos y así para arriba, toda la espalda y el cuello.
La pinza elonga fundamentalmente la zona lumbar. También estimula las fibras nerviosas que recorren la columna, elimina la grasa en el vientre y en el dorso, y también estimula la irrigación de la medula espinal. Actúa a favor del buen funcionamiento renal e intestinal, eliminando algunos casos de gastritis y estreñimiento. Por supuesto que estos beneficios y muchos otros se logran manteniendo la postura varios minutos y realizándola con cierta periodicidad y disciplina.

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