Veredas cochera

El automóvil, maravillosa creación humana, está alcanzando la cúspide de su creatividad tecnológica, comodidad y diseño práctico y ergonómico -adaptación hombre-máquina-. Poco tiempo más y observaremos en nuestras calles modelos totalmente automatizados y de concepción inteligente, capaces de conducirse a instancias de las necesidades de su dueño, quien previa información y digitalizado, será llevará a buen destino, esquivando personas y bultos.

Sin embargo -siempre hay un pero- la demanda parece superar la oferta de espacios, imprescindibles para contenerlos. El peatón -especie en vías de extinción-, debe competir a diario en su lucha por atravesar sus humildes vías de comunicación -las rotas y cada día más angostas veredas de Berisso-, con la máxima expresión material de felicidad antropológica: el automóvil, deidad excluyente en el olimpo del placer. Ya no bastan cocheras, ni baldíos -no existen-, playas de estacionamiento y aceras; todo parece haberse agotado en el esfuerzo por crear sectores aptos para " aparcar " -se dice estacionar-. Y como es inevitable suponer, ¡qué mejor destino que una pobre y denigrada vereda para hacerlo.!. De ahí en más, las muchas variantes resultan un reto a la hora de proponérselo: de frente, horizontalmente, al sesgo, dos en hilera -la familia crece- y cuanta imaginación disponga el autor de tan enjundiosa propuesta.

¡Ahh.!, ¿y el transeúnte, aquel dilapidador de flojas baldosas?. ¡Bien, gracias!. Claro está que el valor de un vehículo amerita su cuidado. Son fortunas o poco menos -algunos, confesémoslo, son apenas remedos, tal su trágica condición rodante-, que deben tenerse en consideración, casi tanto -o más, en muchos casos- que un simple mortal. Por lo tanto, los caminos para este último se ven reducidos -cuando no impedidos-, en su avance diario, pudiendo requerir del auxilio de la calle para eludir -o no despertar- el reposo del "guerrero de chapa".

Por reparación, lavado o descanso nocturno, el automóvil ha conquistado también nuestras veredas, en su rauda y exitosa marcha hacia la comodidad total del ser humano.

Acaso, ¿algún día existirán "zorros" para multar malos estacionamientos por baldosas prohibidas, por ejemplo.?.

Todo es posible en la dimensión conocida del Berisso nuestro de cada día.

LA HIJA MENOR DE BERISSO

Cuando se efectuó el censado de árboles de las calles y espacios verdes de la ciudad y cuyos resultados fueron publicados en el libro ÁRBOLES DE BERISSO -1997-, sólo fueron hallados tres exponentes de Benjamina ( Ficus benjamina ), planta habitualmente cultivada para interiores. Uno de ellos, bastante desarrollado, se lo encontró en la calle 14 al 3600, mientras que los dos restantes estaban en la calle 20 al 100 de su numeración catastral. Sobre un total de 49023 ejemplares contabilizados en nuestro arbolado público, la Benjamina sólo representaba un 0,006% entre el total de los correspondientes a 239 especies vegetales.

En la actualidad, si bien no hay un número exacto, su cantidad en veredas se ha incrementado notablemente, como resultado de una curiosa "dispersión" antrópica, resultado de dos factores coadyuvantes: a) moda por observación o "simpatía" y b) distribución masiva en viveros privados, más allá de cuestiones estéticas inherentes a la propia especie.

Se trata de una morácea -pariente del Gomero y de la Higuera-, originaria de la India y Malasia, que en estado natural adquiere el desarrollo de un árbol con ramas algo péndulas. Es cultivada con asiduidad como forma de interiores, donde llega a medir hasta 2,5 m de altura, con un crecimiento anual de 40 cm, aproximadamente. Las hojas son simples y persistentes, de color verde intenso y brillantes, formando una copa densa. No florece ni fructifica en dichos espacios. Prospera en sitios bien iluminados.

Curiosamente y tal vez como resultado de una práctica tan común entre nosotros, cual es la de provocar cambios abruptos a lo que es admitido como "no modificable", la Benjamina está cubriendo, poco a poco, la línea de arbolado público de nuestra urbe, cada día -es de lamentarnos- más empobrecida por el desarraigo de árboles a causa de muchos vecinos que no comprenden la vital necesidad de poseerlos en gran cantidad. Para embellecer la ciudad, tener grata sombra y respirar un aire más oxigenado. Entre muchas otras virtudes, como por ejemplo servir de base de nidificación de aves silvestre -tal como ya se ha comprobado-, dada la densidad de su follaje.

La Benjamina parece llenar con su elegante diseño, un "hueco" en la comprensión humana, referida al necesario y renovador paisaje verde que debemos fomentar a diario. Para nuestra salud y la de nuestros hijos.

 

 

 


 

 

 
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