Nos fuimos al tacho

Es interesante observar el empeño del municipio en "implantar" en la avenida Montevideo, sendos y utilitarios cestos para la recepción de residuos "al paso". El transeúnte-parte mismo del problema-, tenaz generador de cuanto desecho podamos imaginar y el cual inevitablemente debe pasar por sus manos, se constituye en emisor y a la vez en potencial solución al tema de la "pintura paisajística" de nuestras veredas y calles. De nuestro querido Berisso, según espetamos generosamente a terceros allende nuestras nostálgicas "fronteras" municipales.

Es de lamentar, empero, no ser conscientes de su correcto empleo -sólo tiene una utilidad-, cuando no sabemos acertar en colocar lo que es debido: boletos de colectivo, panfletos callejeros, botellitas de agua mineral, paquetes de cigarrillos, envoltorios de golosinas y toda una variada sucesión de minucias que elaboramos en nuestro paso por la arteria más céntrica de la comunidad. Y digo solo una utilidad, pues hay quienes hallan otros: pegotear afiches partidarios, publicidad de boliches bailables, tal o cual acontecimiento social o arrojar colillas encendidas para provocar incendios. O quizás, abollarlos a puntapiés, émulos tragicómicos de arrogancia maradoniana.

Peor aún, hay quienes no saben utilizarlos, depositando allí desperdicios domiciliarios, en lugar de colocarlos -debidamente embolsados en polietileno-, en los recipientes porta residuos que también cada frentista debe poseer, a prudencial altura de las fauces de perros callejeros. Realidades de nuestra sociedad ribereña!.

En fin. Un tema algo "aromado" para desarrollar más en profundidad en otra ocasión. Sin embargo, es menester siempre, una buena dosis de puntería para acertar en el interior de tales receptáculos de "uso múltiple". La basura, a su alrededor, no tiene premio alguno. Sí, en cambio, el llegar al centro profundo de su elegante envase metálico. Existe un ¡gracias! por dar en el blanco, un reconocimiento de la sociedad berissense que también quiere caminar en veredas limpias, sin andar pateando, pisoteando o sorteando lo que otros no desean en el piso de su casa, con seguridad.

Y de paso, no tendremos que añadir: ¿Viste, qué limpia es la ciudad de Mendoza.?, sintiendo vergüenza de nosotros mismos. Todo es posible. En Berisso también. Así que, es muy importante "irnos al tacho" para dejar lo que no usemos cuando caminemos por estas calles de Dios.

LA BANDERA ARGENTINA

Así como existe en nuestro país un ave nacional -el Hornero- y una flor nacional -el Seibo, no ceibo-, también es válido recordar que hay una mariposa que asume el criterio patrio. Se trata de una especie propia de selvas húmedas, marginales y talares de Chaco, Corrientes, Entre Ríos y nordeste de la provincia de Buenos Aires, además del Uruguay, denominada científicamente Morpho catenarius y cuyo nombre vulgar es "Bandera Argentina". Es una pariente empobrecida -pero no menos esplendente- de aquellas robustas formas misioneras y de toda Suramérica, con brillo metálico azul, azul-violáceo a liláceo y otras variables de color, según la incidencia de la luz solar en los minúsculos prismas de sus escamas alares.

Nuestra mariposa, cuya hembra -algo mayor que el macho- alcanza los 110 mm de envergadura, posee una tonalidad celeste con irregulares manchas parduscas y ocelos u "ojos" dispuestos en hilera o "cadena" (= catenarius ) en la parte inferior. Vuela en el interior de los talares próximos al saucedal ribereño, con particulares aleteos bruscos, semejando "papelitos" que van cayendo. Sus orugas son de un rojo llamativo con hileras blancas y pelos no urticantes; son gregarias -viven agrupadas- y se desplazan de noche en "fila india", pasando el día en reposo colgadas en densos racimos. Se alimentan con las hojas del Coronillo ( Scutia buxifolia ), hermosa planta autóctona de follaje verde oscuro, denso y perenne, propia del bosque xeromórfico -talar- del área rural. La crisálida -fase posterior a la oruga o larva- es una "campanita" verde, suspendida con seda de una ramita.

Enero es el mes de la eclosión de los adultos, que alegrarán con su belleza de cielo los bosques húmedos de Los Talas, Isla Paulino y tantos otros sitios de nuestra costa platense.

Con tristeza, debemos reconocer que la gradual desaparición del Coronillo, por no ser de "origen pudiente", poseer espinas y considerárselo "yuyo" por crecer espontáneamente en los campos, atenta contra su desarrollo y permanencia, siendo cortado y extirpado de aquellos loteos en Los Talas, cuyos propietarios optan -por ignorancia o falso pudor- por especies exóticas, en detrimento de la estampa elegante de este arbolito, muy digno de ser forestado para asegurar su continuidad y la de su huésped, la atractiva Mariposa Bandera Argentina. Dos valiosos testimonios del nutrido rosario de joyas que avalan el rico patrimonio natural berissense.

 

 

 

 


 

 

 
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