Hallazgos en la costa

Tal como podemos observar a menudo en periódicos locales, comentarios radiales o indagando en publicaciones técnicas, nuestra región y en particular la larga costa rioplatense que nos baña, es testigo de esporádicos hallazgos de especies animales raras o de poca frecuencia, e incluso en peligro de extinción.

No es raro encontrar, mediante la ruta del agua, a formas tan disímiles como el Pingüino Patagónico, aves pelágicas -propias del océano- y focas -en invierno-, Cachalotes Enanos -Playa Bagliardi, 5 set 81- y últimamente un ejemplar de Tortuga Verde -Playa Bagliardi-, especie marina que habita el Mar Argentino en la temporada estival.

Todos estos descubrimientos nos predisponen a obrar con enorme responsabilidad, como habitantes ribereños que somos e hijos de una sociedad que se dice organizada y se menciona culta. En primera instancia, se aconseja, una vez localizado el ejemplar que consideramos "raro", "curioso" o "extraño" a la fauna local, NO RETENERLO como mascota más allá de un tiempo prudencial, hasta ponernos en contacto con la institución y profesionales a cargo, cuya autoridad pondrá a salvo en correcto hábitat la especie en cuestión.

Así, por ejemplo, el Museo de Historia Natural de Berisso, dependiente de la Dirección de Cultura Municipal -Av. Montevideo entre 10 y 11- es el destino idóneo en cuanto a consultar sobre la identidad y destino de las formas animales que pudieran recalar en las costas del Partido.

Recuerde que su actitud con estos seres que han perdido el rumbo o se han desviado de su derrotero por causas naturales o inducidas -alguna desacertada conducta humana-, es fundamental para la preservación de las especies en regresión numérica. Además, expresar con los hechos nuestra solidaridad al ayudar a estos hermanos diferentes, pasajeros todos en el viaje del planeta por el cosmos, es un acto de fe que reivindica y da claridad a la hegemónica y declamatoria aspiración a considerarnos inteligentes. Proceder de otro modo nos colocaría en la vileza de un ancestral egoísmo, reservando para nosotros lo que es patrimonio de la naturaleza.

El mes de las flores

Diciembre se nos derrama en una paleta policroma de flores sobre calles, parques y plazas de Berisso. El Jacarandá o Tarco ( Jacaranda mimosifolia ), imita al cielo y lo pinta en las veredas...¡para poca alegría de las barrenderas amas de casa!. Pero...,¡qué maravilloso añil el de sus corolas, tantas veces cantado por los poetas!. Y allí, donde coincide su floración con el de las Tipas ( Tipuana tipu ) del oeste argentino -de una dorada pintura-, hallaremos una perfecta combinación de tonos formando "banderas" sobre la gramilla. Y todo en medio de una lluvia de pétalos desprendidos... ¡Sano disfrute del espíritu, capaz de comprender la elegancia de matices que nos depara la naturaleza!.

La Catalpa ( Catalpa bignonioides ) -originaria de sur de EUA- se cubre de breves cornetillos blancos, que iluminan la verde opacidad de sus amplias hojas. Y más tarde, los suelta al viento, buscando la tranquilidad del reposo, ya fecundados.

Son días de Roble Sedoso ( Grevillea robusta ) -oriundo del sudeste australiano-, varios de cuyos ejemplares han madurado por vez primera en la Avenida del Petróleo Argentino, sumiendo su densa vegetación con "cepillitos" naranja. Ellos reciben y despiden a los berissenses, proponiendo un hito de color en el grisáceo trayecto de la ruta.

El Seibo ( Erythrina cristagalli ) -no Ceibo- aún presume con la beatífica sangre de sus estandartes, muchas veces en disputa con las delicadas campanillas del Suspiros ( Ipomoea ndica ), enredadera de vehemente azul-violeta, que trepa en estos días -sin pedir permiso- las distintas arboledas del Partido. Con un rosado en forma de pimpollos, la Acacia de Constantinopla ( Albizia julibrissin ) -propia de Irán-, extiende sus amplias ramas para abrazar al transeúnte, salpicándolo de tenues estambres, delicia de las abejas.

Recuerdos de la vieja selva que supimos tener, Anacahuitas ( Blepharocalyx salicifolius ) y Murtas ( Myrceugenia glaucescens ) -ésta, muy escasa en Berisso-, exhuman el sabroso aroma de sus blancuzcas flores menudas, para embalsamar el barrio, ya envuelto en un anticipado verano.

¡Tantas flores para el placer de la simple mirada y apenas unos pocos ojos para agradecer tanta sabia gratuidad de la existencia!. Aprendamos a mirarlas, descubriéndolas.

 

 

 

 

 


 

 

 
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