Orgullo de nosotros

Un pueblo es la cabal imagen de un cuerpo humano en cuanto a funcionamiento e intenciones. Sus instituciones son órganos que responden a necesidades primarias que aseguran la marcha correcta de tal colosal organismo. Sin embargo, cual torrente circulatorio que revitaliza cada uno de estos imprescindibles sistemas, es la propia gente quien asegura la continuidad de su salud y crecimiento, reinventándose a diario en el fragor de su pulso al inyectar a la sociedad la creatividad necesaria para persistir siempre joven y dinámica. Si bien hay fundadas percepciones de que existen comunidades que permanecen -¿o desean permanecer?- en una condescendencia con el anonimato o aún más, en la abulia de un círculo vicioso de pasado, conservadurismo y aquiescencia ignorante del porvenir, no es el caso de Berisso, tierra de fronteras abiertas, tanto para los que llegan a visitarnos o a quedarse, como para aquellos que por imperio de la vida emigran a otros cielos con la nostalgia prendida del nuestro, siempre orlado de nubes y perfume de río...

Y es que su historia es tan rica, su comunidad tan pintoresca y sus hombres y mujeres tan plenos de vivencias, que no podría ser mensurada de otra manera. Resulta imposible ignorar la diversidad de personas que la habitan, poseedores de la memoria, aún fragmentada, de sugestivos episodios que conformaron el mosaico social y político de nuestras calles, todavía con resabios del adoquinado primordial y la tierra apisonada donde corrió cierta infancia sin remilgos.

Más allá de la apoteosis de los tantos nombres de aquellos que lo acrecentaron y los otros que mantienen la entereza, puesta en valor y dignidad espiritual del Berisso contemporáneo, cabe hacer mención de las obras, objetos y elementos que nos representan y dignifican en el concierto de los pueblos, producto de la imaginación, ingenio y templanza de sus habitantes. Pueden ser tan magníficos como la Escuela Integral de Arte, en pleno Centro Cívico, núcleo educativo por excelencia de la provincia en el plano de la enseñanza estética en sus diversos matices o tan monumental en su recuerdo histórico y generacional como lo fueron los dos frigoríficos que alguna vez dieron cobijo a varios miles de trabajadores turnándose sin cesar, día y noche, para calmar el hambre en el mundo. ¿Cómo no alabar los benignos emparrados costeros donde se elabora la jugosa sangre de la uva, al solo tesón de sus viñateros, soñadores aún de un tiempo mejor? o ¿cómo olvidar la tradición itálica de los quinteros que decidieron, por amor propio, bendecir la tierra con sus manos callosas para hacer brotar infinitas hileras de rojos morrones, henchidos tomates, chauchas, lechugas, calabazas y las mil y una verduras que Los Talas supo abastecer al país...?. ¿Y los vascos del mismo territorio que llenaron de ganado el pastizal silvestre para proveer de exquisita leche en horas de cruda madrugada, a la infancia de una aldea incipiente?.

Hay festivales que rebasan ya, los límites ejidales y comprometen el interés de muchos, tanto por la esencia de su valor antropológico-cultural, como por el colorido popular de su diseño: el Mes de los Inmigrantes y la Feria Artesanal del Vino de la Costa, ambos de profunda raigambre en nuestros más caros sentimientos de identidad. Dos museos se yerguen para rendir cuenta de la riqueza regional: la biodiversidad faunística del Plata a través del “Ornitológico Municipal” y el histórico-testimonial “1871”, que refleja el quehacer dinámico de la población a través del tiempo. ¡Cuántos bellos trabajos de muralística asombran por su realidad, técnica y cromatismo, transportándonos a escenas oníricas, de crudo verismo o vuelo imaginativo...!. Acaso, ¿no han surgido del entorno familiar decenas de hombres de ciencia, profesionales, actores, poetas, narradores, documentalistas, plásticos, fotógrafos, músicos, cantantes, que trascendieron el escenario de las luminarias nacionales y más allá...?. ¿Es que debemos ignorar la multitud de curiosas instancias que podemos hallar a la vuelta de cada esquina, en cada ignoto rincón del mapa ribereño?. Son infinitas las oportunidades para descubrir cada día, cada hora, cada instante, una novedad, un rasgo vivencial, la pintura de época, una idea original, la voz del pasado, el gesto del mañana, las luces y sombras de cada estación, la costa bravía que nos sufre y la serena atmósfera que nos baña, aquella lancha que todavía lleva hortensias y el pescador que dibuja corvinas con su caña, el viento silbando en el talar y las gallinetas escondidas en el crespo pajonal, la luna que platea la avenida Montevideo en noches de invierno o la niña rubia con celular que pasea con su viejo abuelo, romántico del último tranvía que pasó y que sigue esperando...

Berisso es todo y mucho más. Solo hace falta levantar -sin temor- el velo mágico que nos impide ver, para descubrir la alegre y luminosa variedad de sus seres y obras, de sus anhelos y expectativas hechos realidad.

Animándonos a encontrarlos, podremos sentirnos más orgullosos aún, de nuestro pueblo, pequeño en la distancia, pero enormementegrande en el corazón…


 

 

 
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