Ni Juan ni García...

Allá lejos y hace tiempo, hubo en la vieja y fraterna Escuela 88 -hoy N° 3-, un alumno bajito, regordete, pecoso y de inteligente mirada celeste, al que todos -incluyendo maestras, directora y secretaria- llamaban Antoñito. Si bien su apellido podría expresarse gráficamente como: Juaquiñesqui, pocas veces era mencionado como tal, salvo esporádicas situaciones en que oficialmente debía ser citado. Otra cosa era escribirlo correctamente, tal como el padre transmitiera por ley de herencia a su primogénito: Kwasniewski. ¡Menuda tarea para un docente, toda vez que debía decirlo y más ardua tarea aún, escribirlo!. Conocida es la frecuente anécdota propia de la época de los frigoríficos, cuando a los extranjeros con una particular extensión en sus nombres y dificultad por pronunciarlos, al momento de tomarlos como obreros, eran anotados como: Isidoro Perez, José García o Pedro Lopez...

Es tal la identidad local que se ha gestado con la corriente inmigratoria, que hoy en día, mencionar un patronímico curioso, suele remitir su procedencia a Berisso, cualquiera sea el lugar de la Gran La Plata y zona de influencia en que uno pueda encontrarlo. Y por lo general, no nos equivocaremos. Por otro lado y ahondando aún más en la trama de los apelativos, basta a cualquier morador de esta ciudad escuchar la declinación de los mismos para saber con exactitud su origen. Así, por ejemplo, la terminación ian, nos indicará su procedencia armenia; czuk o chuk, ucraniana; off, búlgara; wicz, polaca; iunas, auskas o incus, lituana; inos, idis o akis, griega; ewski, belarusa; escu, rumana y así con otras nacionalidades radicadas en nuestro medio. ¡Interesante compendio de geografía e historia universal, reflejado en un compacto núcleo humano de frente al río, puerta abierta y solidaria del mundo!. Han sido -y serán- muchos los relatos que tienen que ver con el sonido y la comprensión de los apellidos que arribaron a esta región. Quizás, tantos como su abundancia y diversidad. Cada uno de ellos es la síntesis de una larga genealogía, cuyo germen se pierde en la noche de los tiempos. En el silencio del misterio oral y en el secreto de su verdad escrita.

Mucho podría decirse sobre nombres raros y situaciones provocadas acerca de los mismos. Pero, puede mencionarse un caso emblemático y a la vez problemático por dilucidar, en virtud de lo que viene sucediendo a partir del año 1975 con un peculiar apellido de origen italiano, fácil de leer y recordar pero..., difícil de escribir. ¿Cómo es esto?. El mismo es, sencillamente: Gicolini y Jorge Oscar, la persona que lo ostenta, posee una abundante documentación que acredita fehacientemente tal aserto. Hurgando en ésta, comprobamos facturas de gas y de Rentas, sobres de correo postal, remitos, telegramas, mensajes personales, notas de comunicación interna fabril, impresos, carné de centro educativo, autorización de hospital, resumen de cuentas, certificado de confirmación parroquial, envío de panadería y documentación diversa de variado origen, donde se observan las más extravagantes formas de redactar tal apellido. Cada uno de ellos atesora una variante a cuál más extraña e incluso, inverosímil. Puestos en orden alfabético, estos son: Bicolini, Ccicolini, Ciacolini, Ciccolini, Ciccollini, Cicolini, Cicolli, Cicollini, Ciculini, Cigolini, Cipolini, Chicolini, Chiccolini, Chigolini, Gecollini, Ghicolini, Giaccocini, Giacoline, Giacolini, Gicchini, Giccolini, Giccollini, Gicodini, Gicohini, Gicoilino, Gicolimi, Gicolina, Gicolino, Gicoliwi, Gicoloni, Gicolpni, Gicolleni, Gicollini, Gicollinni, Gicorini, Giggolini, Gigolini, Gigollini, Giolini, Gioncollini, Guicolini, Jicolin, Necolini, Picolini, Shicolini, Sicoliniy Yicolini.... ¡Cuarenta y siete y se siguen agregando en una prolongada lista que parece no tener fin!.

Ante tamaña variedad, uno puede preguntarse: ¿Por qué esto?, acaso, ¿no es enormemente más simple que escribir un mote centro europeo, por ejemplo, con sus z, w y k, intercalados con pocas vocales...?. Así son las cosas en nuestra errática interpretación de los hechos, circunstancias y también... palabras y equivalencias escritas.

Berisso es un excelente y maravilloso manojo de fuentes idiomáticas, producto de la inserción de muy diferentes comunidades y etnias euroasiáticas. Un muestrario viviente, una torre de babel prolífica pero que curiosamente aglutina voluntades dispuestas a permanecer con las raíces intactas, más allá de su origen y las dificultades propuestas por la era contemporánea, hábil disociadora de tradiciones.

Además, ser portador de un apellido con “aires” de extranjería, es, sin duda alguna, una cédula de identidad honorífica que se exhibe con jerarquía ante propios y extraños, el sello carismático e inconfundible de nuestro pueblo, anclado al barro primordial, los sauces y el vuelo mágico de las gaviotas, por obra y gracia de forasteros soñadores que alguna vez decidieron probar fortuna en América.

Y se quedaron para crear una aldea global.


 

 

 
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