Cigarrillos eran los de antes

Desde la profundidad de la historia -urbanísticamente hablando-, calles y veredas de las ciudades han sido -y son- el receptor natural de cuanto desperdicio genere el hombre en su cotidiano deambular. Obvio es decirlo, siendo dueños de una actitud higiénica, no podemos cargar sobre nosotros los desechos de todo aquello que resulte secundario, así sea el embalaje de aquel interior que hemos utilizado con afán y necesidad. En consecuencia -limpio como somos-, arrojamos todo al piso, en un acto que, inconscientemente, aceptamos como propio de una buena educación. Mal que le pese a cualquier estética comunitaria.

Haciendo abstracción del impacto ambiental y cuestionamientos sociológico, cultural, ético y otros de muy disímil raigambre, nos limitaremos al análisis de su estructura minimalista, toda vez que refleja hábitos y costumbres de una sociedad en un período determinado. Baste añadir queantropólogos y arqueólogos recurren a los vertederos de residuos, al investigar poblados de antiguas civilizaciones, dado que allí se aprecian los materiales utilizados a diario y las prácticas asociadas a su existencia, extrapolándose información precisa y veraz del modo de ser de sus habitantes.

A su vez, en orden inverso, conociendo el material obtenido, se deduce la época a la cual perteneció. La aparición del polietileno, los diversos plásticos y el telgopor, trastrocó el concepto de elemento degradable y de fácil asimilación al medio que hasta ese momento se derramaba a las vías de tránsito de nuestro pueblo. Años hubo en Berisso, que hasta aquel desperdicio tuvo valor como pieza de colección, entretenimiento y motivación para la aventura, búsqueda y sana competencia entre una infancia aún extraña al sedentarismo impuesto por la TV.

Tan habitual -o quizás más-, el consumo de cigarrillos en las décadas de los 50 y 60, fue proverbial entre los adultos. Los paquetes, una vez vacíos de su contenido, iban a parar al suelo, territorio sobre el cual la muchachada joven de aquellos tiempos, solía desarrollar su campo de acción. Había que caminar por las distintas barriadas, en particular aquellas cercanas a la calle Nueva York, donde por su proximidad al puerto, los marineros visitaban bares y restoranes dejando en sus calles, raras piezas de colección, imposibles de ser halladas en otros lugares de Berisso. ¡Era tremenda la emoción al toparse con la marca Laika -ruso, escrito en caracteres cirílicos y con la imagen de la perrita-, el Opera -Chile-, Derby -Bolivia-, los uruguayos Dakota Tostados, Master, Far West, Nevada, Lilas, Unión, Richmondy los algo más conocidos norteamericanos Viceroy, Camel, L.M., Lucky Strike, Tareyton, Pall Mall, Chesterfield y Philips Morris!.

Los de procedencia argentina fueron numerosos, con interesantes diseños y colorido: American Club (9$), Apache (5), Biltmore (5,20), Brasil Extra, Búfalo (4), Cabildo (15), Capitol, Caravanas Espuma (6), Carlos V c/filtro (20), Charleston (4,50), Cleveland (4), Clifton (5), Colorado (10), Colt (8), Combinados Extra (3), Commander (13), Cumberland (3,80), Derby (5), Directores (5), Douglas (12), Elegidos por Nobleza (3,40), Embajadores (15), Embassy (8), 43 Especiales (2,40), Filadelfia c/f (20), Fitz Roy c/f (25), Florida c/f (25), Fontanares N° 12 (4), Galveston (6,20), Gavilán (1,80 m/n), Gloster (25), Good Luck (10), Grexon’s (6), Hawai c/f (25), Hudson Mentolados (25), Imparciales Fuertes (4), Jockey Club (7), Kansas (4,50), Kenley (4), Kent (5), La Colmena Extra (3), Lancaster (5,80), Las Vegas (15), La Tecla (90 cts.), Lexington (8), Lido c/f (25), Liga 58 (6$),Lloyds (4), Masters 88 (20), Meca (0,90$), Montana (4), Monterrey (4,20), Morescos (18), Nobleza (1,80), Norton (4), Oxford (15), Paddock (12), Particulares Gran Clase (7), San Diego (10), Saratoga (7), Selectos (4), Splendid (6), Sporstmen (5,20), Texas (5,60), Tradicionales (1,80), Tropicales (15), Tudor (3,50), Veracruz (10), V.O. (6) y muchos más, con todas sus variedades.

Una vez recogidos, se los abría y alisaba. Podían ser guardados en pila dentro de un libro o bien pegados con goma o “engrudo” a un cuaderno o carpeta. De acuerdo a la prolijidad de cada colector, los podía ordenar según esquemas de su agrado. Y por supuesto que también existían las “figuritas raras”, que eran, precisamente, aquellas que ningún otro poseía, ya que las colecciones eran comparadas entre los chicos, para la envidia general y el incentivo de querer recorrer lugares poco visitados del Berisso de extramuros.

Por otro lado, el interior de cada paquete de 20 cigarrillos poseía un envoltorio de papel metalizado, que se destinaba a un particular menester: la fabricación de curiosos cinturones brillantes... En efecto. Los mismos, una vez extendidos con prolijidad, eran doblados varias veces hasta lograr una tira de unos 2 cm de ancho. Poseyendo varias, se las cruzaba enganchándolas entre sí, de manera tal que no se abriesen, formando una extensa cadena que se ponía alrededor del cuerpo a la altura de la cintura, luciéndose con orgullo. ¡Tales eran aquellos tiempos...!.

Riqueza infantil de un pueblo joven, aún bajo la sombra de grandes edificios henchidos de trabajo y esperanzas. De calles repletas con gente diligente, mirando de cara al futuro y con hijos libres como el viento, queriendo ser pájaros en la simple vida de sus años sin dolor.

Mirando el suelo no con pesar, sino para hallar motivos de alegría, a modo de sencillo juego.


 

 

 
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