La alegría del campo

Poco a poco se han marchado las Margaritas de Bañado, pero despidiéndose hasta una nueva primavera... Sin embargo, la naturaleza no sabe de oscuridades ni pálidas escenografías. De pronto, todo se ha pintado de "rabioso" amarillo, de fulgor dorado en las orillas de canales, arroyitos, manchones de agua y campos anegadizos.

Ha hecho su aparición la Alegría del Campo, otra hermosa margarita paludícola ( Senecio brasiliensis ). Hierba perenne de hasta 1,5 m de altura con hojas delgadas y largas, presenta numerosas flores en capítulos. Es propia del sur de Brasil, Uruguay y el nordeste de Argentina, vegetando en toda la zona ribereña del Plata. Allí donde crece, adorna con su presencia hasta los más tristes rincones del paisaje berissense, cual es, por ejemplo, el canal lindero a la Avenida del Petróleo Argentino, el cual nos separa -o une, según la interpretación que quiera dársele-, de la destilería de Repsol-YPF.

Podemos ver su porte elegante en el margen mismo del agua, formando tupidas matas de oro puro, contrastando sobre el sucio negro de las aguas dañadas por hidrocarburos. Y junto a esa "alegría" de la visión, los Seibos rematan con carmesí sus copas, mirándose -también-, en el espejo triste de los residuos humanos.

Dos plantas nativas dignas de cultivarse en el esquema de tanta rutina exótica...

¿Selva virgen...?

Tiempo ha -años- que se habla de fomentar el turismo en Berisso. Y puede haber dignos motivos para ello, en tanto se tome conciencia de la necesidad de formular políticas serias y comprometerse ante distintos sectores para asumir el rol de sostener inversiones a largo plazo, con un plan regulador que satisfaga las partes. Lo demás es mera especulación. Todo es posible para el que cree... pero hace.

Sin embargo, cuando se habla del turismo sustentado en la naturaleza, suele pecarse de crasos errores imputables tanto a entidades particulares como al mismo municipio, habiéndose llegado a promocionar -incluso en publicaciones nacionales- la belleza de la "naturaleza virgen de Berisso, con su selva marginal...".

¡Ni virgen - intacta, tierra que no ha sido cultivada, natural, no hollada por el hombre , según las distintas acepciones halladas en enciclopedias-, ni selva marginal -como es el caso de la reserva de Punta Lara-, donde prolifera en pocos metros cuadrados un importante número de especies arbóreas y muchas otras de helechos, orquídeas, arbustos, hierbas, lianas, epífitas, etc.!.

¡No!. La costa de nuestro partido es solo un vasto reservorio predominante de sauces y álamos -salicáceas de Asia-, monótono, uniforme y plagado de un sustrato de pajonales de Lirio Amarillo -exitosa invasora de Europa-. Todo un mundo de baja biodiversidad animal -en particular aves- y únicamente con vegetación residual de lo que alguna vez fuera -tal vez- un corredor pegado al río con árboles nativos -Mataojos, Murtas, Anacahuitas, Laureles de Monte, Chalchales, Bugres, Lecherones, Blanquillos, Amarillos, etc.- propios de la región y anteriores a la presencia humana. Un territorio explotado a ultranza, una y mil veces, por la industria maderera, denominado "bosque ribereño" o "saucedal costero" -no el monte blanco aborigen propio de los arroyos en el delta del Paraná-, donde se ha talado y vuelto a talar, intercalando con períodos de pausa para desarrollar nuevos troncos maderables. Solo esto y nada más, una industria apta para la obtención de madera blanda para cajones, pasta celulósica, embalajes, bordalesas, muebles económicos, tarimas livianas, "lana" de madera, etc.

En consecuencia, no digamos "selva virgen" -ni tan siquiera "selva"-, ya que no es ni lo uno ni lo otro, ateniéndonos tanto a su definición en el diccionario como a la interpretación ecológica o botánica que se otorga correctamente a esa comunidad vegetal, donde la hubiere.

No caer, entonces, en el ridículo de acentuar las virtudes de una región, mintiendo, usurpando bondades o expresando una supina ignorancia, propia de legos o peor aún, de corruptos en inteligencia.

Además, atraeríamos a turistas deseosos de conocer lo que erróneamente postulamos. Y esto es imperdonable.

 

 

 

 

 


 

 

 
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