Ratas: Durmiendo con el enemigo

Por siglos, los roedores comensales -los que comparten el alimento y las instalaciones del hombre- han sido un azote para la civilización. Las terribles plagas que supieron transmitir en pasadas épocas, por ejemplo la peste bubónica -en un tiempo la enfermedad más temida del mundo-, diezmaron poblaciones y desequilibraron el normal desarrollo de muchas sociedades organizadas pero indefensas.

Ratas y ratones siguen siendo habitantes de la comunidad humana, antipáticos y temibles moradores de nuestras viviendas, aunque pretendamos cerrar los ojos y soslayar el problema. Porque realmente lo es. Estos pequeños mamíferos dependen de gran variedad de nutrientes, la mayoría de los cuales son producto de nuestra actividad cotidiana, muchas veces por imprevisión y mal manejo de los desechos domiciliarios, tal el caso de los desperdicios arrojados al canal de la avenida Génova.

Su abundancia e increíble adaptación al medio, hacen de estos seres un formidable contrincante, extremadamente difícil de combatir y aún más, de erradicar de todo centro urbano y por supuesto de nuestra misma ciudad, Berisso. Cuentan con una compleja estructura sensorial que les permite obtener información del ambiente en el cual prosperan. Con tal capacidad, localizan alimento, agua y refugio, ejercitan conductas sociales y sexuales muy desarrolladas, explotan a la perfección su hábitat vital y saben detectar potenciales enemigos. Por eso su perfeccionada percepción de los sentidos, que comprende visión, gusto, olfato, audición y tacto, todos en mayor o menor grado, utilitarios a sus necesidades. Además -y por si fuera poco- disponen un eficaz registro de memoria e instintiva desconfianza a todo cambio en su medio natural, pudiendo eludir trampas, alimentos nuevos, obstáculos en su camino, ruidos infrecuentes, etc. ¡Formidable rival para luchar casi a ciegas...!. Antes de aceptar otro tipo de alimento, investigan en grupos familiares espacio de 3 o 4 días, atendiendo a su instinto de conservación. Como están imposibilitados de vomitar -por su tipo de estómago-, probarán la comida en pequeñas dosis; si les produce algún dolor o curiosa reacción en alguno de sus integrantes, asociarán la idea con la posibilidad de la muerte o destrucción masiva, deteniendo totalmente la ingesta... Por tal razón, pueden fracasar muchos cebos tóxicos.

En todo lugar donde se instalen, habrá una lógica y estrecha relación con la provisión de agua y alimento. Una vez fijada la colonia a nivel del piso, si llegan a observar la presencia de gatos u otros predadores naturales, se trasladarán a los entretechos, a través de columnas, cañerías, parantes, etc., procediendo a efectuar una nueva radicación.

Son 2 las especies de ratas que pueden ser halladas más comúnmente. Una de ellas es la negra, doméstica o de los tejados (Rattus rattus), de pelaje negro-grisáceo con vientre blancuzco

-con variaciones según los ejemplares-. Es nocturna y mide hasta 25 cm -incluida la cola que es más larga que la cabeza y el cuerpo juntos- y llega a pesar hasta 350 g . Habita sitios altos, techos, tejados y copas de árboles, siendo excelentes trepadores y caminadores de cables. Si la colonia es grande, pueden tener sus escondites bajo tierra o basura acumulada. La hembra tiene 4 a 8 crías, hasta 4 o 6 veces por año. Viven aproximadamente un año. Omnívoras, se alimentan de semillas, frutos secos, basura, carroña y hasta llegan a roer jabones, velas y cuero. De distribución mundial.

La otra rata es la llamada noruega o de alcantarilla (Rattus norvegicus), que es nocturna y diurna, pero esencialmente terrestre. Es mayor que la negra y su pelaje dorsal es pardo-leonado con pelos negros y/o blancos. Mide hasta 20 cm y la cola es más corta que en la anterior especie; pesa hasta 500 g . Vive en colonias de compleja organización social y habita en todo tipo de edificaciones, siempre a nivel del piso -cloacas, canales, riberas de arroyos y diversos cursos con agua y desperdicios. Es omnívora, comiendo hasta 30 g por día; llega a alimentarse con carne. Es menos común que la rata negra, pero es bastante agresiva, pudiendo morder a humanos y a animales domésticos.

Ambas especies roen la madera y casi todo tipo de materiales de construcción; incluso horadan el aluminio. La rata negra huye si se siente amenazada; la de Noruega, ataca y muerde. A través de su orina, excrementos, saliva, pelos, secreciones, ectoparásitos y mordedura, pueden transmitir al hombre numerosas enfermedades: antrax, amebiasis, meningitis, dermatitis, diarreas, esquistosomiasis, giardiasis, leptospirosis, chagas, tifus, tuberculosis, fiebre hemorrágica, triquinosis, toxoplasmosis, brucelosis, rabia y muchas otras más.

Las campañas de exterminio no merman el número de ratas sino temporalmente; en los mejores casos no llegan a eliminar más del 95% de su población. Las pocas que quedan se reproducen con mucha rapidez y al cabo de un año hay tantas como en un principio. Solo es útil un esfuerzo permanente. Esto es válido para una ciudad como la nuestra, con una población de roedores en rápido crecimiento, tal como se viene apreciando a diario en casas y calles. La Municipalidad de Berisso brinda gratuitamente cebos tóxicos, los cuales deben ser administrados por días, ya que recién al cabo de la tercera jornada se aprecian los resultados.

Estamos frente a un astuto, adaptable y persistente enemigo, tal vez uno de los más enconados y repugnantes a la vez. Sepamos estar a las alturas de las circunstancias, no brindándoles alimento con nuestra desaprensiva actitud de arrojar indiscriminadamente los residuos a las vías de agua, a la vereda -utilicemos "basureros" elevados- y, básicamente, seamos solidarios con nuestros vecinos de barrio, colaborando en la limpieza común.

Recordemos que, a partir de su incipiente -pero suficiente- inteligencia, las ratas nos observan... y actúan sin descanso.

 


 

 

 
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