Fumar. ¿Es un placer?  

En virtud de la existencia de este flagelo social, de las intenciones del gobierno nacional por propender a la disminución paulatina del consumo de cigarrillos en la población -pese a la eventual pérdida de ganancias por impuestos, pero presionado por la realidad sanitaria que se impone en el orden mundial sobre las consecuencias de su ingesta-, por ciertos éxitos logrados con la implementación de leyes sobre la prohibición de fumar en transportes públicos, en algunos restoranes y edificios públicos, es importante señalar algunos hechos observados recientemente en sendos acontecimientos del quehacer de nuestra sociedad, que inducen a cavilar sobre determinados comportamientos en materia nicotínica. Tal vez a reflexionar acerca de nosotros mismos con una más crítica visión de tales circunstancias. O quizás, arrojar al cesto de lo trivial sus conclusiones. Todo dependerá de nuestra sabia actitud o del aún más difícil de admitir -¡y tener!- sentido común.

Primer caso. Salón de la Sociedad Lituana Mindaugas, domingo 18 de setiembre de 2005. Presentación del coro femenino "Virgo", de la Universidad de Vilnius, Lituania. Además de la presencia de los cincuenta integrantes del citado conjunto, gran cantidad de público local. Actuación de los coreutas, brindis y baile familiar. Ambiente de confraternidad, charla amistosa y establecimiento de vínculos. De inmediato, se encienden los cigarrillos y el local se inunda de humo a impulsos de las bombas pulmonares, cubriendo almas propias y ajenas, fumadores y no fumadores. Ensuciando ropas y salud. Un detalle: no hay carteles indicadores de PROHIBIDO FUMAR, dando vía libre a una fumata de magnitud. Sin embargo, un hecho extraño, curioso -inadvertido por muchos- acontece. Los visitantes lituanos no coreutas, de carácter fumador, se ausentan del salón y en la vereda prenden un cigarrillo, degustándolo hasta consumirlo. Satisfechos, ingresan al local para continuar departiendo con... los fumadores argentinos que, pitada tras pitada, no dan señales de cejar en su intento de crear una densa atmósfera de carbono en suspensión.

Segundo caso. Salón de la Sociedad Ucrania Prosvita, martes 20 de setiembre de 2005. Jornada Social con el lema: Arraigo y desarraigo en el desarrollo de la comunidad, con la presencia de Monseñor Aguer, la Dra. Beatriz Balean y distinguidos panelistas. Importante afluencia de público -particularmente jóvenes estudiantes-, miembros de la comisión directiva local, el intendente Sr. Slezack y grupo de funcionarios municipales. Presentación de varios oradores, clima de silencioso interés, fuertes aplausos, preguntas y respuestas entre el panel y los oyentes. Culminación del acto entre saludos informales y felicitaciones a los expositores. Detalle absolutamente imposible de no apreciar: magnífico piso de excelente madera misionera, con tablones pulidos y encastrados con maestría. Revestimiento de paredes a media altura, de igual modo en madera barnizada. Espléndido salón. Y, cada dos metros -aproximadamente-, a todo lo largo de ambas paredes, muy visibles y sugestivos carteles con la leyenda: PROHIBIDO FUMAR. Al acallarse el último aplauso, todos de pie y en franco diálogo, un funcionario... prende un cigarrillo, impertérrito y feliz en su ignorante locuacidad o miope de toda miopía y parado aún en aquel artesanal maderamen, acaso admirándolo.

Analicemos ahora las implicancias de ambos casos. En el primero de ellos, es menester destacar el encuentro de dos culturas, con siglos por detrás en el caso del pueblo lituano, que es fácil advertir -y comparar- al visitarse aquel país. Se constata allí que los fumadores salen de la casa en la que habitan o bien se retiran al balcón toda vez que desean fumar. No lo hacen en el interior de la vivienda; incluso, descienden del automóvil, deteniendo su marcha a la vera de la ruta para encender un cigarrillo. Evitan molestar con el humo a sus interlocutores como agredir los espacios cerrados donde se habita.

En el segundo caso, podríamos hablar de falta de responsabilidad por parte del funcionario público. Es innegable que su imagen está en la mira de la población, debiendo dar ejemplo -más allá de su gestión ejecutiva- mediante una actitud acorde a su representación, respetando y haciendo respetar normas aprobadas por terceros, aunque parezca "pueril" en su concepción. Solo así, la sociedad avanza en su construcción desde simplísimas cuestiones a grandes emprendimientos. Y sus hombres -y lo que hagan- indican los rumbos a las otras generaciones.

Cuestiones a veces ignotas de nuestra comunidad, tan inserta en el engranaje social que regula el funcionamiento del mundo, que a menudo olvidamos darle la importancia necesaria. ¿No es que el aleteo de una mariposa aquí, provoca un huracán en la distancia...?. También tirar un " pucho " en un pastizal reseco, puede provocar un incendio descomunal, por ejemplo.

Y, es cierto, lamentablemente.


 

 

 
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