Triste Desfile

Pueblo alegre y extrovertido por naturaleza, el lituano experimentó el sábado 1 de octubre, un duro cimbronazo en su comunidad representativa de Berisso. Fue en circunstancias propias del horario en que se desarrolló: la oscuridad de la noche -y de los hechos-. Allí, en el playón municipal, sobre el escenario montado al efecto, para que un numeroso público pudiese disfrutar de las manifestaciones folclóricas de las comunidades inmigrantes, ocurrió un lamentable episodio que pudo haber tenido aún más severas consecuencias. En el despliegue de un baile típico de la colectividad lituana, con variedad de figuras coreográficas y profusión de giros, enlaces y deslizares a cargo de adolescentes, se produjo la inesperada caída desde la superficie del entablonado, de tres jóvenes integrantes del conjunto, quienes se precipitaron al suelo, distante a un poco más de un metro, impactando con violencia. Como resultado de ese infortunado instante, resultaron con traumatismo en varias partes del cuerpo, debiendo una chica de quince años de edad ser trasladada a un sanatorio de La Plata , con pérdida de conocimiento, posterior internación y estudio tomográfico.

No quiso el destino cobrar víctima alguna. Acaso por la juventud de los involucrados, poseedores de aquella expresiva y saludable etapa de la vida tan distante aún, de su propio dolor y del tiempo de la partida final. Pudo haber consecuencias irreparables, temibles y siempre incomprensibles.

Pero. ¿qué sucedió en realidad?. ¿Fue, acaso, la inocente cualidad de los jóvenes años, desbocados en el recurso festivo impuesto por la danza, con las ansias y responsabilidad por demostrar el talento adquirido en largas horas de práctica.?. ¿Fue, quizás, el producto de la imprudencia, un error de cálculo del espacio o el imprevisto azar de la rueda del infortunio?. Todo es posible, pero -tal vez- improbable. Curiosamente, como queriendo atribuirle a todos estos interrogantes, la exclusiva responsabilidad de las causas y efectos de los males acaecidos., ¡los tablones del escenario fueron retirados a poco de suceder las caídas, apareciendo al día siguiente un nuevo ámbito, remozado y sólido, con barandas y resguardos de seguridad!. Alguien -¿malintencionado?- hubiera dicho: ¡borraron evidencia!. Pero. Otros hablaron de maderos podridos, mal apoyados, desajustados, atados con alambre, tornillos flojos, andamiaje inadecuado, etc., etc. Estructura inadecuada -al fin-, para grupos humanos en vivaz movimiento.

La negrura de la noche dibujó sombras allí donde hubo pocas luces. Después, sobrevino el domingo con su bullicio de multitudes, la algazara de los altoparlantes, el desfile de las colectividades. El entusiasmo por compartir un día luminoso, la exquisita comida típica, una pinta de cerveza. Observar la belleza de la Guardia del Mar. Sin embargo, en el riguroso dispositivo por orden alfabético de las nacionalidades desplegadas sobre la avenida Montevideo, tras su cartelera impresa con la leyenda "COLECTIVIDAD LITUANA", una delegación marchó en franco mutismo y compungido pensamiento. Sin danzas, bellos trajes extendidos al ritmo de la polca, ni su exultante música aldeana incitando las palmas cómplices del público asistente. Tal la belleza visual y tímbrica de su raza proverbialmente efusiva y complaciente.

Nada de todo aquello. No fue un pueblo feliz el que marchó por respeto a la gente asistente a la Fiesta Provincial del Inmigrante. Fue un núcleo de tristes semblantes, con lágrimas tan jóvenes todavía, que no comprendían la infausta noche de un dolor ajeno a ellos, compañeros de corazón y sentimientos. Solitarios en su comprensión de anónimos hombres y nombres que arman y desarman escenarios, los chicos existen mucho más allá de su pasión por el baile y el patrimonio cultural heredado de sus mayores.

Las sombras largas del atardecer acompañaron su caminar lento y cansado; también ellas se lamentaban de la amiga internada, aún ausente, extrañamente lejana.

El sol caía en sus frentes y en sus trajes de rica trama. Adelante, el locutor anunciaba su paso por frente al palco, haciendo restallar la voz en el micrófono.

La delegación no escuchaba. En su interior solo había silencio y un pertinaz, profundo y cuestionado ¿POR QUÉ.?.

 

 

 
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