Tribus urbanas

Berisso, como toda urbe en camino a la modernidad, las posee, aun cuando no conozcamos sus rostros, líderes y estructuras de organización y mando. La razón de ello: son entidades "subterráneas", que proliferan en la oscuridad de las madrugadas, en limitadas franjas horarias de los sábados, domingos, feriados y eventos especiales. Siempre se constituyen en bandas; jamás son individualidades. La unión les da fuerzas; la soledad empavoriza a sus integrantes, los retrotrae a ser trémulos por no decir cobardes. La colectivización -en muchas ocasiones-, al puro embate de la " birra ", el " faso " o " energizantes cafeínicos, taurínicos " y otros non sanctos, incentiva su "creatividad" adolescente, alentando su trajinar por calles oscuras y barrios dormidos, ajenos a sus tribulaciones festivas empero malquistadas con la sociedad.

Estas comunidades temporales se clasifican de acuerdo a la "especialidad" que desarrollan en el entorno recóndito de su transitar. Su gestión es amplia y dispar; inclusive, a veces se yuxtaponen, en aras de cubrir un mayor espectro transgresor -¿o vandálico?-. Se intentará, en consecuencia, una caracterización de los tipos más conspicuos de estas tribus, aún cuando no sea más que una mera aproximación a la multiplicidad de sus formas.

En primer término figuran los " escribas " o " grafiteros ", intelectuales en proceso de frustración, que munidos de aerosoles y fibrones, nutren a nuestras paredes de infinitas y crípticas leyendas. Las mismas solo son discernibles por unos pocos "conversos", de índole más o menos lesiva para el público común si llegara a descifrarlas. Ellos no reparan en la pulcritud de los frentes domiciliarios ni en el arte mural callejero; menos aún en las garitas para ascenso de pasajeros. Toda superficie disponible les viene de perillas para cultivar sus dislates gráficos. Y cuando perfilan ciertos resquicios de cualidad pictórica, se expresan escatológicamente, tal su impulsiva necesidad por trascender el tiempo y la fabricación de látex para exteriores...

Los " aficheros " constituyen otro grupo singular. Y aún cuando muchos de ellos son pagados por agencias de publicidad, poco hacen sus huestes por respetar los espacios privados y públicos, como si les perteneciese a su libre albedrío. Su grado de contaminación visual es contundente: bailantas anunciando la presencia de bandas cumbieras con denominaciones tales como " Juana y la grieta del medio ", " Los surubíes del trópico ", " Babalú y sus bolas ", etc.; caballeros de rasurados rostros y damas maquilladas de húmedos labios, devenidos en políticos en campaña; supermercados en pugna con inverosímiles ofertas; sindicatos promocionando sus coloridas listas de candidatos y muchas otras pegatinas más. También, los que ofrecen recompensas por un perro extraviado, la búsqueda de un rostro perdido en la vorágine del dolor humano, la expresión de un amor quimérico y tantos otros imposibles de describir, pegoteados, adheridos, claveteados, atados, hiriendo y ofendiendo árboles, paredones, postes, cercos... Anónimas manos y siempre de noche, acaso con cargo de vergüenza propia y ajena.

Una tercera tribu la conforman los " revoleadores " o " díscolos cerveceros ", cuya principal distracción es pasar a situación más estable la "dudosa" conformación vítrea de las botellas de cerveza. A tal efecto, ya vacíos de su contenido -condición sine qua non -, las mismas son inmersas con hábil voleo, a la vasta negrura del espacio circundante, para terminar así -graciosamente- a reposar en estado de seguro equilibrio, a la plenitud de la calle o de alguna vereda de un dócil vecino. Una constelación terráquea de brillantes cristales se suma a los titilantes pentagramas del cielo.

Aún más deportistas, los " pateadores" , llevan en su sangre el caro anhelo de imitar a nuestros "sagrados" ídolos del fútbol, soliviantando a puntapiés las bolsas de residuos de cuanta casa encuentran en su largo divagar por las madrugadas berissenses. Un largo reguero de material de difícil -y peligrosa- descripción, indica que el partido ha concluido. La "pelota" queda vacía: fin de juego.

Sin embargo, todavía más exigentes en su preparación física, son los " dobladores ", integrantes de una exclusiva cáfila de musculosas anatomías con cabeza de fósforo... Su principal ejercitación consiste -ante admirados pero silentes acólitos- en apoyar todo su decidido esfuerzo en la barra de metal que sostiene el cesto de residuos del vecino anfitrión y... doblarlo hasta su encuentro con el suelo, tras describir un maravilloso y olímpico arco de 180°. Los ¡bravo y hurra..!, jalonan su meritoria labor, antes de salir huyendo del barrio... Besos, aplausos y medalla de oro.

Así las cosas. Maldad, juventud, picardía, daño, travesura, juego, educación, fárrago de actitudes y sentimientos encontrados ante una realidad enquistada dentro del cotidiano y adecuado comportamiento ciudadano, quizás utópico de erradicar. Al menos, en un futuro inmediato.

Dos Berisso distintos, separados solamente por el amanecer.

 

 

 
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