Alcoholismo: el reconocimiento
del problema

Cuando queremos que una persona inicie un tratamiento por su adicción al alcohol, se debe empezar por el reconocimiento del problema. Por lo general, el problema está negado por el enfermo. El cree que no necesita tratamiento. Es muy rara la aceptación voluntaria de la necesidad de tratamiento.
Los familiares son los primeros que tienen que reconocer el problema del alcoholismo y luego ayudar al enfermo a que pueda pedir ayuda. Se debe convencer al alcohólico cuando está sobrio y no cuando está bebido o con resaca. La familia no debe esperar hasta el último momento. Tiene que actuar antes que la ingesta del alcohólico se haga más frecuente y no pueda controlar su manera de beber.
Casi siempre el familiar acepta el alcoholismo del otro, cuando no toleran que el alcohólico no pueda parar de beber, y dicen que es un vicioso que no tiene fuerza de voluntad para detenerse. Un nuevo sistema de creencias surge: el alcohólico bebe porque es un vicioso, porque no tiene fuerza de voluntad, porque los amigos lo estimulan, porque es un irresponsable y porque bajo la influencia del alcohol puede hacer lo que en su sano juicio no haría.
En este punto, el familiar debe ser consciente de que solo no va a lograr nada o muy poco. Es importante, por lo tanto, el acercamiento de los familiares a los centros de atención especializados. Allí serán orientados y recibirán información y ayuda profesional, que facilitará la aceptación de la problemática.
 
Empezar con uno mismo

Como señalamos en otras oportunidades -pensamos que es conveniente volver a mencionarlo- decimos que para ayudar a un alcohólico hay que comenzar con uno mismo. Hay ciertas reglas generales que pueden servir de ayuda:

1) Nunca comience por obligar o forzar al alcohólico a un tratamiento. Por lo general esa actitud lleva al fracaso.

2) Asista a las reuniones de grupos de familiares de alcohólicos, en aquellas instituciones que atienden esta problemática. Ahí, lo ayudarán a organizar una estrategia para ayudar al alcohólico a que inicie un tratamiento.

3) Un cambio en su actitud y su manera de enfrentarse al problema pueden acelerar la rehabilitación del alcohólico.

4) No permita que el alcohólico le mienta, no acepte las mentiras como verdades, porque al hacerlo lo incita a seguir usándolas: la verdad es a menudo dolorosa pero afectiva.

5) No permita que el alcohólico resulte más listo que usted, porque esto le enseña al alcohólico a evadir responsabilidades y, al mismo tiempo, le pierde respeto a usted.

6) No moralice, regañe, culpe, amenace, o trate de cubrir las consecuencias de las borracheras. Tal vez usted se sienta mejor si lo hace pero a la larga, la situación se empeora.

7) No acepte promesas, porque estas son sólo un ardid para posponer el sufrimiento. Manténgase firme en cualquier acuerdo a que lleguen.

8) No permita que por su propia ansiedad le obligue a usted a hacer por el enfermo lo que él debe hacer por sí mismo.

9) No retarde el enfrentarse a la realidad de que el alcoholismo es una enfermedad progresiva que se empeora día a día, si el alcohólico continúa tomando.

Por último, decimos que estas son orientaciones que deben ser usadas con inteligencia y evaluando cada situación. Y recuerde que el no hacer nada, es la peor decisión que puede usted escoger.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 
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