Edición 1083
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Prevención
Intoxicaciones por inhalación
de Monóxido de Carbono

Por Roberto Scafati (*)

Además de las llamas, en los incendios los bomberos también enfrentan a otro enemigo invisible pero tanto o más peligroso: el monóxido de carbono. Se trata de un gas altamente toxico, de menor densidad que el aire, producto de la combustión incompleta de materiales orgánicos pasibles de ser quemados. Entre ellos encontramos aquellos que utilizamos a diario en nuestros hogares, tales como gas de red, gas de garrafa, kerosén, carbón, leña, maderas, papeles o cartones, dependiendo del medio económico en que nos hallemos y de las costumbres: en las casas puede haber hogares a leña o sistemas de calefacción (a gas o leña). En las ciudades el combustible mayoritariamente utilizado es el gas de red, mientras que en las zonas en las que este no llega, es más frecuente el uso de gas envasado en garrafas.
Las intoxicaciones por inhalación de monóxido de carbono (CO) cobran muchas victimas año tras año durante esta época. También ocurren en verano, pero en este caso solamente suelen darse en departamentos o casas que se usan sólo en vacaciones o durante los fines de semana.
No sólo las personas que mueren son victimas de estas intoxicaciones. También lo son aquellos que, sobreviviendo, mantienen secuelas que repercuten en su vida futura.
Los accidentes caseros suelen multiplicar los casos de victimas fatales durante los meses de invierno. En la temporada fría surge la necesidad de calentar de alguna manera nuestros hogares. Para hacerlo sin correr ningún peligro hay que:

- Mantener en buenas condiciones de funcionamiento los calentadores a gas o kerosén.
- Mantener adecuadamente la ventilación de estufas de tiro balanceado, de los hogares a leña y de las salamandras.
- Usar correctamente el carbón para calefaccionar los ambientes.

El asesino invisible, la muerte dulce
y cómo alejarlos

¿Por qué se conoce al monóxido de carbono con el intrigante apodo del asesino invisible?. Porque no tiene olor, color, ni irrita los ojos o la nariz, por lo tanto es difícil detectar su presencia por nuestros sentidos. Al ingresar a nuestro organismo se une rápidamente a la hemoglobina de la sangre, con una afinidad 250 o 300 veces mayor que el oxigeno. Una vez unido a la hemoglobina forma Carboxihemoglobina en la sangre, la cual impide la llegada del oxigeno a los órganos vitales, tales como el corazón y el cerebro. Los síntomas serán de mayor o menor importancia, dependiendo de la concentración de monóxido existente en el medio, del tiempo que permanezcamos en contacto con el, de las condiciones fisiológicas de las personas. Los bebes y los niños tienen mayor riesgo, debido a que su metabolismo y su ritmo respiratorio son mayores. Un grupo de particular riesgo es el de las embarazadas, ya que las vidas que llevan en su seno incorporan tanto o más monóxido que la madre. Otros grupos de riesgo están integrados por aquellas personas que realizan actividades de gran esfuerzo físico y personas con anemia, con enfermedades pulmonares o cardiovasculares.
El mayor peligro de esta intoxicación es que las personas afectadas no pueden detectarla y que de los síntomas iniciales (sueño, dolor de cabeza) se puede pasar a la muerte. Esta es una de las razones por la que ha sido llamada por algunos autores “la muerte dulce”: simplemente nos quedamos dormidos.
Para tener una idea cabal de la importancia de esta patología he tomado las estadísticas del año 2000 del Centro Nacional de Intoxicaciones. Si bien los datos gráficos pueden parecer viejos, la situación económica que sufre nuestro país y la falta de concientización en la comunidad hacen que los casos sean cada vez mayores y de mayor gravedad.
Muchas personas no cuentan con medios económicos para reparar sus artefactos domésticos. En las peores situaciones, donde no se puede adquirir o pagar por un buen sistema de calefacción, se opta por los braseros. La gente que siempre ha estado habituada a ello sabe que debe encenderlos fuera del ambiente, y que sólo debe llevar al interior las brasas, sin llamas ni humos y que además debe mantener una ventilación adecuada en el ambiente.

 

 
 


Consejos preventivos

Los siguientes son consejos para prevenir la intoxicación con monóxido de carbono:

• Mantener los ambientes ventilados
• No dormir con estufas o braseros encendidos.
• No usar el horno como calefacción.
• Controlar el funcionamiento de los artefactos de calefacción y los calefones.

Los síntomas más frecuentes

• Dolor de Cabeza
• Náuseas, vómitos.
• Mareos
• Sueño
• Cansancio
• Dolor en el pecho
• Perdida de Conocimiento
• Convulsiones

Qué hacer ante los primeros síntomas

• Abrir las ventanas
• Salir a un ambiente ventilado
• Concurrir al centro asistencial más cercano o solicitar un servicio de emergencias.
Siempre hay que tener a mano los números de teléfono de los centros de atención:
Emergencias Sanitarias / 107
Bomberos / 100
Servicio de Toxicología del Hospital Sor María Ludovica / 0800-222-9911.

(*) El autor es Oficial Segundo del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Berisso.

 

 

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