Edición 1071
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Donde hay una necesidad…
hay un Banco

Desde el año 2000, el Banco Alimentario creado en La Plata trabaja acercando a comedores comunitarios alimentos que distintas empresas deciden no comercializar. Hace cuatro años, un convenio con la UNLP permitió implementar el Programa “Kefir”, basado en la producción de un alimento nutritivo elaborado a partir de gránulos.

El Banco Alimentario de la ciudad de La Plata nació el 30 de noviembre del año 2000 como el primero del país. Hoy existen catorce Bancos que integran desde el año 2004 una red mundial a través de la cual intercambian donaciones y experiencias. El objetivo que proclaman es contribuir al desarrollo de los Bancos de Alimentos, promover políticas públicas que favorezcan la reducción del hambre y buscar soluciones a largo plazo que promuevan la dignidad de las personas.
Actualmente, en el depósito que funciona en la calle 64 y 125 de nuestra ciudad, perteneciente a Vialidad de la Provincia de Buenos Aires, el Banco acumula lo que recibe y lo distribuye en 107 comedores de la región, 19 de los cuales funcionan en Berisso.
Según explica Liliana Ilari, Presidenta del Banco, la organización cuenta con tres pilares fundamentales: la estructura administrativa, los donantes y los beneficiarios. Con esta ingeniería trabajan bajo la misión de recuperar alimentos que se pierden o se destruyen.
“En nuestro país, aunque muchos no puedan creerlo, es mucho lo que se tira y se destruye de comestibles. Si por ejemplo llegan verduras al Banco, las distribuimos rápidamente, para no perderlas”, asegura Ilari, agregando que en ciertas ocasiones reciben mercaderías con vencimiento próximo, teniendo que distribuirlas antes de la fecha que figura en los envases. “Aquí acatamos normas muy estrictas en cuanto al manejo de los alimentos”, asevera.

Convenio con la UNLP

Desde hace aproximadamente cuatro años, el Banco Alimentario trabaja codo a codo junto a la Universidad Nacional de La Plata. A través del área de Extensión Universitaria que posee la Facultad de Ciencias Exactas implementaron el Proyecto Kefir y diferentes cursos de capacitación tendientes a mejorar la manipulación de alimentos.
Graciela De Antoni, miembro del Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (Cidca) de la UNLP, fue el pilar científico de la iniciativa. Coordinó un proyecto de investigación que resultó finalista en un concurso organizado por la empresa Dupont y el Consejo Nacional de Investigación Científica y Técnica (Conicet), referido justamente a la utilización de Kefir en la leche para combatir los patógenos intestinales. A partir de entonces se lanzó un plan piloto y luego se instituyó en 20 organizaciones sociales.
De Antoni describe al Kefir como un alimento milenario que se consumía en el Este de Europa y Asia y que actualmente se industrializa y comercializa en países como Ucrania, Polonia, Rusia y América del Norte.
Integrado al Código Alimentario Argentino, el Kefir aún no se produce masivamente y sólo se fabrica en forma artesanal. “Nosotros lo distribuimos a partir de consumidores que vinieron de Europa y Asia. Lo trajeron con ellos por una tradición familiar. En nuestro caso partimos del consumo propio y cuando nos dimos cuenta de que no se podía contaminar en la manipulación de una cocina, ofrecimos este producto que tiene costo cero (porque el banco pone la leche y nosotros los gránulos), firmando el convenio para llevarlo a los comedores comunitarios”, refiere la profesional.
El Kefir, según lo detallado por De Antoni, es una leche fermentada que puede ser considerada un alimento probiótico. “En las propagandas de lácteos que todos conocen, existen los probióticos. Este se puede elaborar en las casas en forma artesanal”, argumenta.
A las características de los probióticos, el Kefir suma todos los beneficios nutritivos de la leche y algunas más. “En determinadas condiciones se producen vitaminas del grupo B, como B2, y microorganismos benéficos para la salud que mejoran el balance del tracto gastrointestinal, contribuyendo al mejoramiento de la función intestinal. Se produce un efecto inmunomodulatorio, es decir que se levantan las defensas”, define.
Las propiedades enumeradas fueron comprobadas en animales. También se certificó la capacidad del alimento para matar agentes patógenos y contaminantes con lo cual puede definirse como un alimento inocuo, es decir que no le puede hacer mal a la persona que lo consume.

Abaratar costos

Con el objetivo de abaratar los costos de producción, la UNLP realizó diferentes estudios orientados a elaborar el Kefir con leche en polvo. “Tuvimos que hacer un estudio prolongado, porque la leche en polvo puede tener esporos de microorganismos patógenos, que funcionan como formas de resistencia. Para la leche en polvo se recomienda consumirla inmediatamente luego de preparada. Una vez reconstituida no se puede guardar en la heladera y para hacer el Kefir había que dejarla 24 o 48 horas en reposo, entonces teníamos que estar seguros de que estos esporos no germinaran y produjeran toxinas en la leche reconstituida. Eso lo comprobamos porque el Kefir tiene la capacidad de matar microorganismos patógenos y también de inhibir la germinación de esporos”, certificaron los investigadores universitarios.
Los interesados en obtener más información o colaborar con la organización podrán comunicarse con el Banco Alimentario al 422-4988 o vía mail dirigiendo un mensaje a info@bancoalimentario.org.ar.

 

 


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